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Jueves, 24 Septiembre 2020 14:34

DE GOEBBELS A ALEJANDRO GIAMMATTEI

El Presidente de la República Alejandro Giammattei así como otros funcionarios de gobierno y los gobiernos municipales se han dado a la tarea de afirmar que su prioridad y lo que más les importa es la población y que nada es más importante que la vida; afirmaciones que vemos repetidas una y otra vez, en diferentes tonos de efusividad y casi hasta el llanto capaz de conmovernos y hacernos olvidar las banderas blancas en calles y carreteras, las enormes colas frente a las empresas de energía eléctrica, telefonía y agua, las colas en los cajeros automáticos, a afuera de los bancos, en los supermercados y depósitos de abarrotes y aglomeraciones en los mercados cantonales en los que solo se puede ver, por encima de mascarillas en su mayoría precarias, miradas de pánico y desesperación.

Pero a la par de todas estas sensaciones, la razón suele repetir que hace muchos años, el principal propagandista nazi Joseph Goebbels, afirmaba que “una mentira repetida un millón de veces se convierte en verdad” y es solo teniendo en cuenta esto que resulta comprensible que dentro de las medidas para enfrentar una pandemia se coarte y condicione la libre emisión del pensamiento, que se centralice la información y que el Estado asuma el monopolio de esta, de la noticia, la opinión y el pánico y que un Presidente aparezca abundando en gritos y argumentos subjetivos contra una periodista que hace una pregunta y que la propia prensa, tan “independiente y crítica” durante las administraciones pasadas, acepte ahora el poco honroso papel de multiplicadores de la verdad oficial y que, las afirmaciones relativas a que lo más importante para el gobierno es la población y de que para el gobierno nada es más importante que la vida humana, circulen una y otra vez disfrazadas de noticia, de opinión y que se acalle con el silencio y falta de cobertura de todo aquello que se aparte de esa línea.

Nuevamente, la razón nos repite que los medios modernos de comunicación son empresas mercantiles que utilizan la noticia y la opinión como mecanismos de generación de lucro y que, la razón de ser de sus publicaciones o emisiones es captar audiencia que haga atractivo el pago de anuncios y pautas de anunciantes que al igual que los accionistas de las sociedades que controlan los medios de comunicación son empresarios, cuyo objetivo, no es la verdad, sino es el lucro el cual solo se consigue con el adormecimiento de las conciencias.

Así pues, por asociación lógica, uno entiende que un gobierno no necesitará sino de un poco de persuasión y pago de pautas y anuncios en la prensa y distintos medios de comunicación para sostener su imagen (gastos que no permitió la sociedad a los gobiernos pasados) si responde con fidelidad a los intereses empresariales, y es así como se convierte una pandemia en grandes oportunidades no solo de negocios sino para despedir pasivos laborales para sustituirlos por “colaboradores” sin derechos y una excusa para acomodar la legislación para que, el trabajo convertido en mercancía se sujete a las reglas y caprichos del mercado y deje en definitiva de ser un derecho humano y una garantía de desarrollo para la familia y la sociedad.

Esto, nos coloca ante un dilema porque, si una versión, una opinión o una noticia está por todas partes, lógicamente, tendría que ser verdad y es precisamente a esta lógica primaria a la que apela Goebbels cuando dice que el efecto de la repetición masiva, constante y al unísono de la mentira la convertirá en verdad. Pero, ¿Eso significa que sea verdad? ...No, pero la verdad importa poco a la publicidad y a la propaganda porque la finalidad de ambas es convencer, pero alguien puede estar convencido y eso no significa necesariamente que están convencidos de la verdad. Así pues, la lógica detrás de la repetición de la mentira como estrategia de propaganda, publicidad o de gobierno, es solo evitar, minimizar o anular los cuestionamientos a la versión oficial.

Pero ¿Cómo podemos asegurarnos de que nos dicen o informan es verdad y no mera publicidad o propaganda?... Eso es sencillo, las afirmaciones relativas a que lo que más les importa es la población y que nada es más importante que la vida, para ser sostenibles, requieren que la práctica opere sobre la base de tres principios rectores que son: 1) Para protegerlos ningún recurso es demasiado; 2) La protección de toda vida tiene la misma importancia; 3) No existen excusas, en caso de debilidades, se trata de errores del Estado, no de la población, que deben superarse para lograr los objetivos.

En Guatemala, en un primer momento no se cerraron puertos, aeropuertos y fronteras porque había funcionarios de gobierno y del sector empresarial fuera del país y hacerlo podía afectar la economía y el turismo. Tampoco se habilitaron lugares de cuarentena obligatoria para albergar a quienes venían del exterior del país ligándolos a cuarentenas voluntarias en contacto con personas que tenían sus vidas normales y no estaban sujetas a la cuarentena.

Luego de esto, al confirmarse el primer caso, cuando no se habían tomado las medidas que debían tomarse para impedir el ingreso del virus a la vida guatemalteca, se impone un toque de queda y se cierran algunas actividades económicas sin afectar las que interesaban a determinados sectores empresariales como los call centers, el agro (caña, café, hule, palma, banano) y las maquilas, esto genera pánico, las personas van y compran compulsivamente y se les encierra en sus casas, esta medida, sumada a los despidos ejecutados por el propio Estado, trae suspensiones y despidos en el sector privado y la perdida de fuentes de ingresos de todos los cuentapropistas que obtenían sus ingresos del comercio en la circulación de personas hacia sus trabajos.

En tanto todo esto pasaba, se dejaron ingresar aviones y vehículos con compatriotas deportados, que tampoco se llevaron y mantuvieron en lugares de cuarentena obligatoria, ni se les practicaron pruebas, simplemente se les dejó ingresar con la recomendación de ir a sus casas y autoconfinarse, lo que obviamente era ridículamente y no sucedería.

En medio de este pánico, el Gobierno aprueba una serie de préstamos y dispone de decenas de miles de millones de quetzales, aduce la construcción de hospitales de campaña que en realidad son divisiones de tabla yeso y catres acomodados en salones, sin equipo, sin protecciones para el personal sanitario y sin medicamentos. Aquí uno se pregunta, con un Dios Bendiga a Guatemala que se repite una y otra vez apelando a la fe de los guatemaltecos, no habría sido mejor, si no se iban a adquirir equipos y medicamentos adecuados para que los médicos pudieran cumplir con sus tareas, crear oratorios ecuménicos para que desde el credo que profesáramos pudiéramos pedir a Dios, porque, sin medicamentos y equipos un médico no es más que otro ser humano de fe e intenciones y probablemente ello no habría endeudado a varias generaciones.

En una etapa de contención, tampoco se adquieren pruebas para la detección del virus en cantidades suficientes que permitan rastrear y prevenir cadenas de contagio.

Para paliar el terrible impacto de los despidos, suspensiones y perdida de fuentes de ingresos de buena parte de la población producidas por la estrategia de pánico del gobierno, el Congreso de la República aprueba una serie de medidas, en términos prácticos, superficiales e insuficientes pero que fueron vistas por la población como un alivio a su situación; el Presidente, Alejandro Giammattei, a sabiendas de la situación de la población, deja que transcurra el máximo del tiempo para pronunciarse sobre la ley aprobada por el Congreso y, cuando ya se ha agotado el máximo del tiempo constitucional para su promulgación por el Presidente, veta el decreto.

El Congreso, en defensa de su decreto, hace valer la primacía legislativa y rechaza el veto enviando de vuelta el decreto para que el Presidente lo promulgue, a partir de allí, el Presidente deja de nuevo transcurrir el plazo y aparece nuevamente en conferencia de prensa acompañados de los representantes de las empresas de servicios esenciales, anunciando las acciones de amparo interpuestas por las propias empresas o testaferros de estas y, tratando de quedar bien con Dios y con el Diablo, anuncia la disposición de las empresas para arribar a acuerdos voluntarios con la población debiendo estos, ir a las empresas a pedir y suplicar la suscripción de Acuerdos para prorrogar el pago de servicios básicos.

Esta medida, en primer lugar, forzó a la gente a aglomerarse en las afueras de las empresas de telefonía y en la empresa eléctrica y finalmente, a hacerlo inútilmente ya que dichos acuerdos, establecidos a voluntad de las empresas, requerían del pago de al menos el 50% de la deuda así que las condiciones no permitían a la mayor parte de quienes hacían esas colas acceder a estos sin poner en riesgo su alimentación y las de sus familias.

Cuando esto es percibido por la población, el gobierno abruptamente cierra el país, cuando los trabajadores debían cobrar su salario y hace que las personas se aglomeren una vez más frente a las tiendas de barrio, luego ante los cajeros automáticos y los bancos y en los supermercados y depósitos.

Esto además hace olvidar el plazo que el presidente tenía para obedecer el veto y publicar la ley, convenientemente, el Congreso también suspende sus funciones y evade el deber de someter al Presidente al Congreso.

A todo esto, el gobierno no solo no adquiere equipos ni medicamentos, tampoco pruebas, esto a pesar de que se le aprobaron decenas de miles de millones de quetzales requeridos para atender la pandemia; obviamente, al haber una discordancia entre lo dicho y la verdad, en la práctica, no existen ni equipos, ni medicamentos, ni suministros, ni pruebas y tampoco dinero para comprarlas así que se intenta o usar los recursos del IGSS o cargar sobre este la responsabilidad del Estado, teniendo en cuenta que en el IGSS lo únicos que tiene del Estado es una deuda de más de 40 mil millones de quetzales.

Así pues, el gobierno es mezquino con las pruebas del Covid-19, contra toda lógica, las reserva para los casos en los que el paciente presenta síntomas, debe indicarse que con una incubación de aproximadamente 15 días, eso significa que la prueba se practica luego de al menos 14 días de asintomático, en donde no presentó síntomas pero si podía contagiar a otros y periodo en el que circuló e hizo su vida normal, hizo colas ante las prestadoras de servicios esenciales, bancos, cajeros, mercados, supermercados, tiendas de barrio, fue a su trabajo, visito a sus familiares y amigos.

No es necesaria la genialidad ni alguna condición extraordinaria para percibir el efecto de la ausencia de pruebas Covid-19 traducido en la mezquindad para hacerlas y tampoco para entender que la constante en las cadenas Presidenciales de Giammattei haciendo énfasis en las pruebas realizadas y hasta algunas comparaciones para convencernos de que se están haciendo las pruebas es una mentira repetida mil veces.

Se ha llegado al extremo, como en el caso de los trabajadores de la Policía Municipal de Tránsito de la Municipalidad de Guatemala que han debido pelear para que se les hagan las pruebas y que el Ministerio de Salud se niegue a hacerlas diciendo que son responsabilidad del IGSS aun y cuando, no fue el IGSS el que recibió fondos para atender la pandemia.

En cualquier país civilizado, o al menos con la intención de evitar una pandemia, además de haber tomado las medidas que aquí no se tomaron, al existir un caso positivo, se habrían practicado pruebas de todos los trabajadores que tuvieron contacto con los afectados, que usaron los equipos e instalaciones, a las familias de estos, los ciudadanos con quienes se interrelacionaron en cumplimiento de su trabajo, pasando por todas las personas con las que estos se relacionaron, porque si lo que se quiere es frenar la pandemia se debe aislar cada eslabón de esta cadena, pero no. No se ha hecho.

Ahora, qué pasa con los trabajadores de limpia y verde de la Municipalidad de Guatemala, los policías municipales que están en vías peatonales y mercados, los agentes de la Policía Nacional Civil, los bomberos y así la lista puede crecer hasta llegar a la mesa en que compartimos los alimentos con nuestras familias.

Y dicho esto, cabe preguntarse será que las medidas y acciones del gobierno operan sobre la base de que ningún recurso es demasiado para la protección de la persona, la familia y la sociedad, será que el gobierno está dando a la protección de cada vida en este país la misma importancia y será que el gobierno ve a la población como un objetivo de su gestión o más bien solo como a una masa para culparla de los efectos de sus errores?.

No es algo que pudiera ser difícil de responder, basta con ver alrededor, fuera de la pantalla de la tv, de la página del diario, de la cadena nacional, de la prensa más oficialista que nunca, basta con ver la calle, la gente, el día a día; basta con ver realidades y no apariencias, con ver que no basta con la intención de comprar para que haya, basta con entender que un país y una crisis no se atienden desde un power point.

Guatemala, 19 de mayo de 2020

¡¡¡UNA SOLA VOZ, UNA SOLA FUERZA!!!

MOVIMIENTO SINDICAL, INDÍGENA Y CAMPESINO GUATEMALTECO MSICG